«El samsara pareciera real tanto tiempo como el Brahman no-dual, el cual es la base consciente y sustancial de todo lo existente, permanezca incomprendido. Esto es como la ilusión de ver el metal plata en una valva de ostra».
Relacionar lo que Es con lo que no es, es decir, cuando se intenta describir una Realidad que subyace a través de lo que aparentemente se ve como real, requiere explicaciones mediante un lenguaje lo más natural y sencillo posible, lo que crea una dificultad pedagógica que en principio es casi insalvable.
Hoy en día contamos con conceptos como «simetría», «multisimetría», «probabilidad», «holograma», «información», etcétera, originados en las investigaciones de la física cuántica o clásica, que resultan ser herramientas teóricas maravillosas para manejarnos en la transmisión de conceptos metafísicos. Pero desde hace milenios el ser humano intenta destrabar la búsqueda de lo fundamental y para ello ha intentado desentrañar lo metafísico mediante un lenguaje proverbial, lo que lo hace a veces francamente inentendible. He ahí la maestría de Sankara y otros expositores antiguos a la hora de resolver mediante metáforas naturales, que a veces incluso exhalan un cierto aroma poético, el dilema pedagógico que supone intentar hacer trascender la condición de la cognición común y acercar al buscador al entendimiento del aspecto metafísico de la realidad.
Dicha maestría solo puede estar sustentada en una preparación cognitiva y una ejercitación pedagógica tales que puedan brotar, de forma natural, ejemplos como el clásico de la soga y la serpiente, la valva y la plata, la aparente movilidad de la luna en la noche, o cuando las nubes se mueven para dar paso al sol, y otros ejemplos tendentes a inducir la comprensión final.
Sankara hace acopio de metáforas magistrales para acercarnos a un saber más allá de la experiencia mental común. Intenta describir que lo Real está muy cerca pero escondido bajo un tenue velo, como el que opera en la falsa percepción nocturna de ver la valva de una ostra y asumir la existencia del metal plata. Lo Real campea por doquier pero nadie lo ve, jamás se detecta. Ningún artilugio lógico desenmascara lo Real y, sin embargo, pareciera que está a la vuelta de la esquina. Es frustrante para el aspirante cómo lo esencial está tan cercano y, a la vez, lejano. Se le proponen miles de tareas purificadoras para el anhelado encuentro pero ninguna de ellas parece tener un feliz término en la unión con lo divino. Así, se plantean conductas éticas para implementar la cercanía con lo absoluto; se estipulan ejercicios yóguicos que requieren de firmísima voluntad para el logro del encuentro; nada, ninguno pareciera ser un camino claro a la experiencia de una Realidad no-dual que se esconde sin saber dónde.
Sankara establece que no es la realización de ninguna acción aquello conducente a la Libertad. No es en el terreno ético donde se propone una salida al encuentro con lo fundamental. Basta una correcta cognición para desentrañar el misterio. Una correcta cognición implica ver el mundo que acontece con la intensidad de quien está enamorado o quien espera pronto la muerte, la intensidad de la sorpresa total. Experimentar el presente, el aquí y ahora como única opción de vida se convierte en el arcano que nadie detecta. Basta observar cualquier evento a la luz de una atención firmemente sostenida en el presente para que este se revele como el objeto percibido y, simultáneamente, como su complemento cognitivo.
Hay un ejemplo muy simple que la mayoría de los lectores seguramente habrá realizado. Nos referimos al «ojo mágico», una serie de láminas dibujadas en manchas de colores en dos dimensiones que esconden la tridimensionalidad de objetos que a simple vista es imposible detectar. Se aconseja, para detectar dichos objetos tridimensionales, acercar los dibujos bidimensionales a los ojos y alejarlos lentamente; así, de un momento a otro resalta una figura escondida entre las manchas. Hay quienes una y otra vez lo intentan sin poder descubrir las formas tridimensionales que se esconden ante el desorden del colorido. Allí ocultas están las figuras tridimensionales y basta una correcta percepción para detectarlas. De igual manera ocurre con lo Real: siempre está allí, pero la mirada inundada de yo impide descubrir que todo es todo, que todo está en todas partes, que no existe diferenciación esencial en el universo, que todo ha sido, es y será.
Cuando finalmente se revela lo Real, la sorpresa de notar que el universo es la prolongación de mí mismo se hace notoria. La vista recorre lugares lejanos en el espacio y el pasado sin notar movimiento alguno de distancia o tiempo. La Conciencia brilla por doquier resaltando la existencia y afianzando la comprensión de un universo siempre continuo y sin límites. Ello es Brahman, lo Real, la experiencia suma, la causa sin causa de Sí Mismo.