SLOKA 1
«Yo compongo el Atmabodha, o conocimiento del Sí Mismo, para servir a las necesidades de aquellos que, habiéndose purificado mentalmente a través de prácticas y austeridades, y habiendo adquirido paz interior, carecen de inquietudes y anhelan la Liberación».
Cuesta trabajo hablar de aquello que las palabras no definen, cuesta enseñar la profundidad de un saber que escapa a la razón. Son realmente pocos los grandes maestros que, habiendo experimentado la realidad del Ser, se abocan con pluma diestra a plasmar en un texto las abstractas ideas por las cuales rondan sus lejanas comprensiones. El Atmabodha es uno de esos invaluables regalos que una mente sabia supo disponer para nuestra ayuda. Las eternas verdades expresadas a lo largo de las slokas son la muestra inequívoca de la fuerza y vocación compasiva de su autor. El terreno donde nos adentraremos es altamente abstracto, lo que hace que aparezca uno de los principales obstáculos a la hora de acercarnos a la esencia de los postulados que propugna la filosofía vedanta. Su razonamiento metafísico es profundamente sutil, solo podrá ser desarrollado adecuadamente en un marco de ausencia de inquietudes mentales, situación inusual en la mayoría de las personas.
Supongamos, por ejemplo, que se intenta determinar mentalmente el resultado de la multiplicación 26 x 32; normalmente para facilitar dicha tarea es necesario cerrar los ojos abocándonos a un tipo de interiorización más serena. Seguramente los ruidos y molestias externos serán un inconveniente al raciocinio requerido para multiplicar correctamente. La inquietud interior obstaculiza cualquier proceso continuo de análisis o razonamiento mínimamente abstracto, incluso entorpece el desarrollo de cualquier actividad mental, por simple que esta sea. Es fácil concluir, pues, que profundizar en las realidades metafísicas requerirá ausencia de inquietud mental. Esa ausencia de inquietud o duda mental es la base del método que el vedanta propugna como mecanismo de acceso a las realidades más metafísicas, método denominado nididhyasana o meditación.
A través de la práctica meditativa continuada es posible desarrollar una facultad de asentamiento en la autoobservación interior que permite el acceso a la comprensión de realidades altamente abstractas. Es posible aprehender, por ejemplo, que la percepción presencial, cuando es un continuo, catapulta al observador a diversos estados de conciencia que procuran niveles superiores de análisis y comprensión metafísicos. A este respecto conviene reseñar que el análisis del que hablamos difiere completamente del que habitualmente entendemos como tal. El análisis, razonamiento y profundización metafísicos, operando bajo los parámetros de una autoobservación exenta de inquietud mental, desechan las vías de la lógica, el raciocinio y la dialéctica, para inducir las más altas comprensiones por vía de lo que podríamos denominar «vivencia contemplativa», «intuición» o «comprensión directa».
Sin embargo, como dice la sloka, es necesaria una condición previa de preparación personal, de forma análoga a como ocurre con los matemáticos y los músicos. Los matemáticos más ilustres son aquellos que han convertido el lenguaje de los signos matemáticos en representaciones claras y consistentes de sus propias reflexiones interiores. Por ejemplo, Newton tuvo la abstracción de que el universo es la suma de innumerables eventos infinitesimales que son capaces de englobarse y conformar un todo momentáneo, estableciendo así las bases de lo que hoy conocemos como «cálculo infinitesimal».
Los músicos, por su parte, son capaces de configurar, con base al lenguaje sonoro, conceptualizaciones claras y elevadas que llevan hasta lo sublime, pero en todos estos casos se requiere de una condición previa de estabilidad y maestría interior que permita escuchar dentro de sí los diversos compases que al entrelazarse convierten el silencio en una modalidad audible.
Así pues, al igual que ocurre con los lenguajes matemático y musical, el lenguaje metafísico requiere para conformarse y servir de guía a la comprensión de las realidades metafísicas, de la ausencia de inquietud y duda que desorganizadamente promueve una mente inquieta. Si la mente es caótica, difícilmente se logrará encontrar un mecanismo adecuado a través del cual se pueda crear una secuencialidad sana que permita una comprensión válida de las cuestiones que se plantean.
Por esa razón el vedanta está dirigido a todas aquellas personas que «…habiéndose purificado mentalmente a través de prácticas y austeridades y habiendo adquirido la paz interior, carecen de inquietudes y anhelan la Liberación».
La destreza de un maestro interior, al igual que la de un sabio matemático o un virtuoso de la música, es la consecución de un tipo de don que opera sin esfuerzo. En el caso del maestro interior su don nace de la naturalidad de poder atender a la atención. Cuando la mente ecuánime se dirige al interior y no encuentra resistencia alguna con ningún pensamiento, entonces se vislumbra la continuidad de las cosas existiendo. Allí, en ese paraje de silencio y quietud, se pueden distinguir las incontrolables fuerzas de la naturaleza sin que por ello aparezca la más mínima inquietud mental.
A este respecto cabe decir que al estudiar la filosofía occidental se constata que prácticamente ninguno de sus expositores demuestra conocer por vivencia de primera mano la naturaleza de las verdades metafísicas que teorizan. Todas las abstracciones se encuentran en una categoría de realidad situada más allá de su propia experiencia. Quizá fue Plotino el único en plantear algo asociado a la vivencia consciente de Lo Absoluto. Plotino hablaba de la «Razón Pura» como experiencia magistral de contacto con lo Eterno y lo Infinito. Sin embargo, han sido numerosas las controversias que han suscitado las expresiones de inconmensurabilidad por parte de los traductores y estudiosos que, como se ha apuntado, no tienen experiencias vívidas y cercanas a lo que Plotino quería explicar: la experiencia consciente de contacto con lo Absoluto y la comprensión personal que de ahí deviene, conocida en Oriente como nirvana o samadhi.
Así, la Razón Pura de Plotino llega a confundirse con la razón pura aristotélica, en la que se establece que la lógica acentuada, la lógica aséptica tiene tal calidad que no necesita de la experiencia para poder avalar lo que la razón pura determine. Así se malinterpretan, por ejemplo, pasajes en los que Plotino habla de cómo la percepción de la Belleza emerge a través de la Razón Pura, como si esa percepción fuera Atmabodha de Sri Sankaracharya posible como consecuencia de algún tipo de razonamiento intelectual elevado. Los mundos de la Razón Pura de Plotino, los mundos de las Realidades Abstractas de los Ininteligibles platónicos, requieren para su análisis de un nivel singular de introspección que permita detectar la naturaleza de las verdades que avivan dichos mundos; la inquietud mental resulta un desatino para el logro de dicha posibilidad.
Basta, entonces, que la percepción esté libre de la inquietud que impide la continuidad de un análisis interior para que el conocimiento resultante aparezca de manera natural y en forma de esencialidad de lo que las cosas en verdad Son. Las verdades que intenta expresar el vedanta, verdades elevadas y profundas que no son detectables por un proceso meramente dialéctico, hacen parte de los mundos que emergen en una autoobservación carente de inquietud mental. Es para dichas personas, capaces de indagar en esos mundos de forma estable, para quienes fueron configurados el Vedanta en general y el Atmabodha en particular.
Sin necesidad de adentrarnos por ahora en los estados superiores de conciencia, donde es posible la experimentación de Brahman como Esencia no-dual de la realidad, la práctica meditativa o nididhyasana que plantea el vedanta nos aboca a experiencias que nos permiten pertrecharnos con un mecanismo de indagación interior altamente eficaz. La inusitada estabilidad en la percepción, la extraña consistencia del vacío que allí se establece, la evidencia de que es posible simultanear la condición de ser observador y objeto observado en la cognición, son algunas de las realidades que asombran a quien se adentra en la práctica, incluso en los niveles iniciales que hacen parte de la Observación.