«El practicante, gracias a las repetidas comprensiones que a diario otorgan las experiencias, purifica su mente que se halla envuelta por la ignorancia; la comprensión deshace la ignorancia tal como el polvo del kataka desaparece después que ha limpiado el agua lodosa».
Solemos denotar como ignorante a alguien falto de conocimiento, a quien, falto de saber, no puede definir correctamente aquello que razona. Esta definición no es exactamente aquella a la que Sankara se refiere. Por ignorancia Sankara establece el asumir como válida una realidad inexistente. Es decir, el ignorante, según Sankara, no tiene falta de saber, pues su saber es completo, pero atribuye realidad a algo que esencialmente es falso. Por ello el vedanta establece una relación unívoca entre ignorancia, agnana y maya, ilusión.
La ilusión, maya y la ignorancia, agnana, son actividades que operan en la mente y que inducen a asumir la validez de lo conocido aun cuando ello sea inexistente. Un ejemplo clásico es el ya citado de la serpiente y la soga. El caminante observa a la vera del sendero una soga enrollada pero traduce mentalmente la existencia de una serpiente. Incluso el caminante es capaz de dotar de movimiento, color e intención a la serpiente, razón que lo lleva a temer y finalmente huir del lugar. Sankara denomina ignorancia no a la falta de conocimiento respecto a la soga, sino al embrujo ilusorio que la mente construye dotando de realidad a algo inexistente. Así, el caminante convierte en real lo ilusorio y en ilusorio lo real.
Por extensión, el vedanta establece que todo nombre o toda forma están dotados esencialmente del carácter ilusorio, mayávico. No existe un nombre o una forma que la mente experimente independiente de las restantes y que sea Real; todos los nombres y formas son ilusorios, como fantasmas inexistentes, como serpientes sin realidad propia. Todo nombre y forma puede definirse como sistema o campo cerrado de información, donde las fronteras del campo delimitan su extensión y alientan la aparición de otros campos. Así, todo campo cerrado de información, por el hecho mismo de ser cerrado, es ilusorio. El campo cerrado existe, claro que sí, como la serpiente, pero solamente a través de un proceso mental que transpone lo ilusorio en real, es decir, mediante agnana, ignorancia.
Los campos cerrados fluyen en un continuo espaciotemporal que los diferencia y cataloga. Un campo cerrado es una idea, al igual que una piedra. Los campos cerrados se distinguen como secuencias mentales que aparecen y desaparecen unos detrás de otros. Los campos cerrados evolucionan en el entorno temporal y se modifican en el espacial. Cualquier cosa que se defina mediante nombre y forma es un campo cerrado. Denotamos un campo cerrado para diferenciarlo de un campo abierto. Mientras que los campos cerrados son ilusorios, mayávicos, y generados por la ignorancia, agnana, establecida en el raciocinio egoico, los campos abiertos indican un aglutinamiento de información sin fronteras, esto es, la suma ilimitada, infinita y simultánea de información que emerge de manera práctica en el estrato de la Meditación.
Toda percepción individual o todo campo de información cerrado o todo sistema de información dual lleva inherente una apreciación ilusoria o mayávica gracias a que el campo se experimenta mediante fracciones cognitivas secuenciales en tiempo y espacio. En el instante en que percibimos un sistema o un campo cerrado de información queda más allá de sus fronteras información que desconocemos; en el preciso momento que percibimos un bosque se erradica de la percepción el cielo junto con todo lo demás que está más allá de las fronteras visuales o auditivas. Intentar experimentar el bosque nos aboca a detallar por secuencia cada uno de los matices que él presenta. Maya otorga atributos de realidad a una percepción que no es completa ni simultánea, pues el resto del universo se desconoce.
Sin embargo, el campo cerrado, sin importar las fronteras a las que está sometido, pues cambian a cada instante según sea la percepción, permanece como real al perceptor gracias a que la mente experimenta infinitas simetrías o ilimitadas probabilidades al conocer. Todo cambio operante en un sistema cerrado, tal como lo analizamos en la sloka anterior, se compensa siempre mediante la aparición de karma y maya.
La no-dualidad que se experimenta como actividad cognitiva que se presenta en la Meditación es una «multisimetría», puesto que allí todas las potenciales simetrías o probabilidades de saber se experimentan simultáneamente. En la no-dualidad el universo entero se conoce en todos sus infinitos detalles que lo componen, esto es, la Conciencia conoce el universo y el universo no es más que la sustancialidad de la Conciencia.
Resumiendo, se hace evidente que el hecho de percibir una información desde un ámbito dual implica dejar de percibir todas las restantes, es decir, el complemento de ese campo cerrado de información. Desde el punto de vista epistémico, la percepción Real será aquella que englobe al conjunto de informaciones existentes en todo el universo de forma ubicua y simultánea, pues ese conjunto es el único que goza de la estabilidad absoluta inherente a lo Real. Maya es un modo de percepción en el que se ve como real la cognición individual, aquella que excluye al complemento de esa percepción y que impide, por ende, conocer lo que Es.
El atributo de ilusoriedad no hace referencia a una supuesta inexistencia de lo que se percibe sino al hecho de quedar velada toda la información complementaria a la que se está percibiendo. Por eso se suele decir que el ser humano está inmerso en avidya, ignorancia, porque habitualmente asume como válido algo que al ser conocido genera desconocimiento del complemento de ese mismo algo.
Gnana es la comprensión de la fuerza de «seidad» que impregna las cosas que se conocen. Cuando se aúna la fuerza de Ser a las cosas conocidas, entonces se genera una Comprensión. Es esa exaltación que aparece cuando pasamos de «conocer» un evento a «comprenderlo». Muchas veces pasamos raudos repetidas veces sobre un evento y lo conocemos hasta que emerge una comprensión del mismo evento. Gnana es la presencia de Ser en la cognición, mientras que vignana es la fuerza de la conciencia misma que reconoce a los objetos existiendo.
Así pues se dice que, debido a maya, el ser humano está inmerso en la ignorancia, en forma de avidya y agnana. No es que no conozca o no comprenda; simplemente no alcanza a experimentar la totalidad de la percepción sobre lo que conoce, no puede reconocer la «multisimetría» no-dual que es el sostén de cualquier percepción dual.
Y todo se deriva, como ya se ha apuntado anteriormente, de la introducción en la percepción del sentido volitivo, del yo, que da paso a la condición de nombre y forma diferenciadas. La salida al conflicto radica en la simpleza de la inhibición de ese sentido volitivo a través de la continuidad perceptiva sin esfuerzo ante cualquier evento que acontece en el presente.
La continua percepción del aquí y el ahora erradica cualquier simetría individual, es decir, erradica maya, avidya y agnana, para que así emerja la percepción de la «multisimetría» o no-dualidad. Dicha experiencia total, simultánea y ubicua del universo conociéndose a sí mismo se denomina Nirvikalpa Samadhi.
Las implicaciones prácticas de las afirmaciones previas son abrumadoras. Deja de tener sentido el esfuerzo por alcanzar la libertad o por encontrar el arcano supremo que nos otorgue la paz. La salida es la comprensión que se deriva de toda percepción continua que se establezca bajo cualquier simetría. Todo problema ético, epistemológico o metafísico se resuelve de una sola tacada: ¡la solución es vivir! Se trata de aprovechar la condición misma de la existencia y de la atención que está en ella fluyendo exclusivamente en el aquí y el ahora.