AtmaBodha: Sloka2

SLOKA 2
«Como el fuego es causa directa de la cocción, así la comprensión que otorga el Conocimiento, y ninguna otra forma de disciplina/práctica, es la causa directa de la Liberación, porque la Liberación no puede ser obtenida sin el Conocimiento del Sí Mismo».

Nos encontramos aquí con una metáfora recurrente en Sankara, el fuego y la cocción, donde el fuego se asimila a la comprensión, a la fuerza consciente.

Definir la conciencia es tan complicado como definir la adimensionalidad de un punto. La conciencia es una de aquellas cosas que todos experimentamos pero que ninguno podemos definir con claridad. El término «conciencia» será una idea recurrente en el presente texto. De inicio a fin y de mil variadas formas se intentará darle sentido y promover una definición práctica. Inicialmente, conciencia tiene que ver con la fuerza que produce saber, con el acto que induce comprensión y aprendizaje.

Erróneamente se asume que el aprender es un producto de nuestro propio esfuerzo. Nada más erróneo. Descubrimos el saber como descubrimos una noche estrellada al abrir los ojos y mirar al cielo. No nacen las estrellas por abrir los párpados; la bóveda celeste está allí desde siempre a la espera de ser descubierta. De igual manera, el saber siempre está en nosotros, como la humedad en el agua. El saber propio de la conciencia no es una cualidad de la vida, es lo que da vida a toda cualidad.

Por ello el acto de la comprensión adquiere relevancia para el vedanta, puesto que se convierte en la expresión práctica de algo indefinible como la conciencia. Tal vez no podamos detectar el fluir de la conciencia, pero con seguridad advertimos que sabemos, que somos, que existimos. Existe además un término que nos acerca a la naturaleza de la conciencia pues se convierte en su factor dinámico: la atención.

Establecido esto, y definida la atención como la expresión dinámica de la conciencia, diremos que ambas, conciencia y atención, gozan de una condición altamente interesante, es decir, son «sin causa», en el sentido de que no son inducidas por una causa previa mental ni física. Tanto la conciencia como la atención devienen por sí mismas y sustentan a su vez el continuo de saber que las cosas Son.

La atención ilumina con su naturaleza los objetos y les permite ser conocidos. Así como un lampara permite reconocer los colores y las formas que se esconden en la oscuridad, de la misma manera la atención da vida a los contenidos del pasado e igualmente a las proyecciones futuras que la mente construye. Sin embargo, cuando se asocia la atención de manera continua al presente, entonces la atención se convierte en el fuego que produce la cocción de la libertad interior. Es también importante resaltar que otras escuelas de pensamiento dan importancia al acto del amor, convirtiendo la devoción en el eje central de todo su ejercitamiento. El amor se alimenta de sí mismo y siempre fluye como sentido de integración entre el amador y lo amado. El Saber, al igual que el Amor, son los medios más seguros que permiten erradicar la ignorancia que convive en la mente y en el corazón.

Quizá esto último pueda resultar un tanto extraño para una persona racional, quien puede llegar a presumir que el «amor» no es una actividad tan fundamental. Sin embargo, las personas dotadas de una naturaleza emotiva pueden estar más cercanas a la comprensión de que el Amor, sin que medie causalidad alguna, impregna todo lo existente. Desde esa comprensión final pueden abocarse a un tipo de comprensión amorosa que permite abordar la vida misma cotidiana convirtiendo cada acción en una ofrenda amorosa a la divinidad, entendida dicha divinidad como el objeto esencial, como la razón de ser de sí mismo: la búsqueda del amado, deviniendo indistinguibles lo que se comprende y lo que se ama. Así como el devoto convierte al amado en el objeto de su búsqueda personal para fundirse en él, así el gnana plantea el discernimiento como el modo donde se revelan lo conocido y el conocedor en la exaltación de la no-dualidad.

Diremos que es el fuego, como fuerza de la comprensión, la causa directa de la cocción, del conocimiento del Sí Mismo, pero con la condición de que dicho fuego implique la continuidad de la atención asociada al presente.